domingo, 7 de diciembre de 2008

De subvenciones, retenciones y planes sociales (MAYO DE 2007)

El gobierno del Sr. Néstor Kirchner está claramente sostenido por sus innumerables planes sociales, que, lejos de fomentar el trabajo, fomenta la vagancia y el clientelismo político. Gran parte de estos planes son dados gracias a las retenciones que se le aplican al Campo. Detengámonos a reflexionar sobre este asunto.

El campo fue y es, históricamente, uno de los principales sustentos de la economía argentina. En el momento donde nuestra nación nacía tuvimos dos opciones: ser agroexportadores o bien industrializarnos. Para bien o para mal nuestros gobernantes de la generación de 1880 eligieron la primera opción. Desde entonces, digamos que campo “da de comer” a más de uno. Es un sector que además sufre los incesantes cambios del mercado mundial, teniendo así altibajos en su producción. Hoy el contexto le sonrie. Y es ahí donde entra la política.

El gobierno kirchnerista instauró un plan de retenciones al campo que ronda el 30% para, en lugar de fomentar el empleo como dije al principio, impulsa la desocupación. No tenemos que darle a la gente el pescado, sino darle la caña de pescar y enseñarles a obtener el animal, porque el trabajo dignifica al ser humano, lo enriquece como persona. Pero, vivimos en una sociedad acostumbrada a estas prácticas, y el gobierno se aprovecha de esto y vive su panacea política, ganando unos cuantos miles de votos para las próximas elecciones.

Entonces señores, castiguemos al campo, un sector puramente nacional, no especulativo, que siempre estuvo, en las buenas y en las malas, y a cambio démosle dinero a las “pobres” empresas extranjeras, demos subvenciones a Ternium-Siderar, y a otras tantas multinacionales, que ante el menor indicio de inseguridad económica, levantan sus fábricas y si te he visto no me acuerdo. Pero, una vez más, la política es más importante. Estas empresas tienen miles de empleados, y si tuvieran que vivir con sus propios recursos no necesitarían de tantos y comenzaría a despedir gente, lo cual sería un grave problema para el Sr. Presidente.

Es momento de ver las cosas claras, “asesinar” al campo con un 30% de retenciones es abusivo. Y el dinero es mal distribuido. Si queremos tener políticas sociales correctas, demos una vuelta de timón, reduzcamos las retenciones al motor de nuestra economía y las subvenciones a empresas multinacionales, empleemos planes sociales verdaderamente beneficiosos para la población, instauremos el Ingreso Ciudadano para la Niñez, abramos escuelas de oficios, en fin, enseñémosle a la gente a trabajar, a ganarse el pan, recuperemos la cultura del trabajo, tan necesaria en un país en vías de desarrollo como es la Argentina.

En octubre se decide que tipo de país queremos; seguir con este paraiso del facilismo y del clientelismo político ó bien construir un nuevo futuro, basado en la cultura del trabajo, la igualdad y el respeto.

Poder expresar libremente nuestras ideas es la base de cualquier democracia, pero en nuestro país no sucede así. Es impensable que en un Estado democrático como el nuestro exista la censura, y que haya un desaparecido y que el gobierno haga la vista gorda, pero lo peor es que como nación nos resignemos a estas cosas, a decir que “vivimos en la Argentina y las cosas son así”. La resignación es lo peor que nos puede pasar, tenemos que saber que las cosas pueden cambiar, que tenemos el poder para hacerlas cambiar, y es a través de nuestro sufragio, por eso tenemos el derecho, peor también la obligación, de concurrir a las urnas y manifestar nuestra voluntad para que este país cambie.

Al Sr. Presidente le pido que respete las instituciones democráticas, que no use la justicia para intentar legitimar sus políticas, que no use las fechas patrias –como el próximo 25 de mayo- como actos proselitistas del peronismo, que entienda que la Nación no está a su servicio, sino que usted está al servicio de ella y que tiene que entender que debe respetar a aquellos que no comulgamos con sus ideas y no ridiculizarnos o usar maniobras políticas para desacreditarnos, porque la oposición no es algo que hay que destruir, sino que es la encargada, en cierta manera, de controlar los actos del gobierno.

Pero por sobre todas las cosas, necesitamos dejar de pensar en los votos de las próximas elecciones, debemos pensar en la gente que está necesitada, personas que tienen un nombre y un apellido, sueños y esperanzas, pero por sobre todas las cosas, NECESIDAD DE TRABAJAR. En conclusión, para lograr esto no es necesario aniquilar a la oposición, a las instituciones ni a uno de los sectores económicos más importantes que tenemos. Es momento de ponernos a pensar y a actuar, pero sobretodo, a TRABAJAR.

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